«Hoy en día, 2.500 millones de adultos, más de la mitad de los adultos que trabajan en el mundo,
están excluidos de los servicios financieros formales. Esta situación es más aguda entre las poblaciones de bajos ingresos de las economías emergentes y en desarrollo, donde aproximadamente el 80 % de las personas pobres no tiene acceso. Incluirlas en la economía formal es una contribución fundamental para reducir la pobreza, combatir la desigualdad y fomentar un crecimiento inclusivo.
El acceso a los servicios financieros formales es esencial para que las personas y los hogares puedan gestionar su vida y construir su futuro. También se ha constatado una correlación positiva entre una mayor inclusión financiera y una menor desigualdad, lo que demuestra que la inclusión financiera promueve un crecimiento favorable a los pobres.
Como medio para alcanzar objetivos de desarrollo más amplios, la inclusión financiera es fundamental para la Agenda posterior a 2015. El acceso a la financiación no puede ser el privilegio de unos pocos, sino que debe estar al alcance de todos y puede ser un medio para reducir las desigualdades, en particular para los más vulnerables, incluidos quienes viven en zonas rurales, las mujeres y los jóvenes.
El acceso a los servicios financieros también es esencial para que las empresas puedan invertir, emplear a personas y crecer y, por tanto, es un elemento esencial del crecimiento inclusivo.
También está vinculado a la agenda de financiación para el desarrollo, especialmente en relación con la movilización de recursos internos, dados los vínculos directos entre las tasas de ahorro interno y el crecimiento económico a largo plazo.»
Analizamos si determinados grupos de personas o empresas están excluidos del acceso a los servicios financieros, por ejemplo cuentas bancarias, préstamos o seguros, y por qué motivos.