Ruanda se está posicionando como un polo de inversión verde mientras pone a prueba un nuevo instrumento para verificar las credenciales verdes de las pymes.
Reproducción de un artículo de opinión de “African Business” publicado el 11 de noviembre de 2021, por cortesía de Rwanda Finance y African Business.
Ahora que cae el telón de la COP26, el mundo se pregunta cómo pueden las naciones cumplir sus grandes promesas de impulsar el desarrollo y, al mismo tiempo, contener la crisis climática. Ruanda, por ejemplo, necesita inversiones de gran envergadura para alcanzar sus objetivos en materia de cambio climático sin comprometer el desarrollo económico. Por ello, será esencial hacer realidad las promesas de “financiación verde”.
En la conferencia sobre el clima de este año han ocupado un lugar central los debates sobre las “finanzas verdes” (la financiación de modelos de negocio y políticas sostenibles) y el objetivo de lograr compromisos por valor de 100.000 millones de dólares para ayudar a descarbonizar la economía mundial. Esta financiación es vital para apoyar a los países en la lucha contra el cambio climático mediante programas de adaptación y mitigación. Pero, en la actualidad, las finanzas verdes siguen siendo una abstracción, y muchos inversores tienen dificultades para evaluar hasta qué punto sus inversiones son realmente verdes.
Un nuevo programa piloto que desarrolla herramientas para que los bancos evalúen el carácter verde de sus inversiones podría estar a punto de cambiar todo eso, con resultados que podrían revolucionar la financiación verde.
Verificación crediticia verde
En Ruanda está en marcha una iniciativa para probar nuevas herramientas de “calificación verde” de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Las pymes se evaluarán a partir de los datos de que disponen los bancos (incluidos los bancos de desarrollo) sobre las empresas a las que apoyan. Esta información se convertirá después en métricas climáticas, y las empresas se calificarán en función de los niveles de emisiones generadas en todas sus áreas de actividad.
A continuación, el proceso se automatizará, lo que permitirá a los bancos evaluar el grado de “sostenibilidad verde” de su cartera actual y tomar futuras decisiones de préstamo basadas en información precisa sobre las credenciales verdes de las pymes que buscan inversión. Esto convierte la financiación verde en una oferta de producto central y podría cambiar las reglas del juego en la asignación de fondos, ya que sirve a los bancos de garantía de que las empresas cumplen los requisitos climáticos.
Esta información impulsará también el éxito de las pymes, al permitirles identificar áreas en las que pueden obtener resultados rápidos y reducir sus emisiones (como el transporte y el consumo de energía), mejorando no solo sus credenciales verdes, sino también sus resultados económicos. En pleno auge verde, más de 40 empresas verdes han visto triplicarse el precio de sus acciones desde principios de 2019, según las últimas cifras de la Economist Intelligence Unit.
La iniciativa nace de una alianza entre la Green Digital Finance Alliance (GDFA) y el FIFC. La GDFA, una organización respaldada por las Naciones Unidas creada para aprovechar las tecnologías digitales con el fin de impulsar la financiación del desarrollo sostenible, afirmó que Ruanda es la plataforma de lanzamiento natural para esta iniciativa.
“Ruanda es un país piloto ideal por su compromiso tanto con la digitalización como con el uso de financiación innovadora para cumplir sus objetivos nacionales en el marco del Acuerdo de París.”
Ruanda lleva décadas siendo el país más comprometido con el medio ambiente de la región. Prohibió las bolsas de plástico ya en 2008 y en 2019 se convirtió en el primer país africano en prohibir los plásticos de un solo uso. Pero un plan nacional, que aspira a recortar las emisiones un 38 % para finales de la década y reducir hasta 4,6 millones de toneladas de dióxido de carbono, necesita 11.000 millones de dólares para hacer realidad sus ambiciones. Para lograrlo, Ruanda creó FONERWA, el mayor fondo verde de África, con el fin de que sea el motor del crecimiento verde en el país. El KIFC será un socio fundamental para atraer esta inversión verde y ayudar a Ruanda a alcanzar sus objetivos.
El KIFC está llamado a convertirse en un polo de finanzas sostenibles en África. Aspira a atraer inversiones de empresas sujetas a los mismos compromisos éticos y medioambientales que nosotros. Queremos captar inversión extranjera que cambie vidas, no solo en Ruanda, sino también en el conjunto del continente. Haber sido seleccionados para liderar un proyecto de calificación verde de empresas refuerza nuestra afirmación de que el KIFC, y Ruanda, están preparados para la inversión verde.
En África, el cambio climático es una cuestión de supervivencia. Los fenómenos meteorológicos extremos, las enfermedades y las catástrofes naturales provocados por el clima ya afectan negativamente a la vida cotidiana con una frecuencia cada vez mayor. Por eso no hacemos distinciones entre crecimiento económico y protección del medio ambiente. Y por eso la lucha contra el cambio climático está en el centro del programa Visión 2050 de Ruanda, la estrategia general del Gobierno para convertirse en un país de renta media-alta en 2035 y de renta alta en 2050. Estas aspiraciones forman parte también de la estrategia a largo plazo de crecimiento verde y resiliencia climática de Ruanda.
Para alcanzar nuestros ambiciosos objetivos, nuestros bancos, al igual que los bancos y las instituciones de todo el mundo, deben poder invertir con confianza en proyectos verdes pioneros. Esta confianza se verá reforzada por métodos probados y creíbles para medir la “calificación verde” de las empresas. Por eso este proyecto piloto es la clave para que las empresas accedan a nuevas fuentes de financiación climática y para que los países conviertan en realidad las solemnes declaraciones sobre financiación verde.
Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.