← Opiniones
8 de noviembre de 2019

Los centros financieros: de sus raíces históricas a los modernos polos tecnológicos

En un típico efecto de red, cuantas más competencias adquiere un centro financiero, más éxito alcanza.

Los mercados existen desde que los seres humanos empezaron a intercambiar bienes: reunirse en un mismo lugar era la mejor manera de favorecer las transacciones. Los agricultores acudían del campo a las ciudades para vender sus productos: frutas, verduras, cereales, pollos….

La concentración de personas en un lugar central era necesaria para intercambiar bienes e información. El dinero y las finanzas no eran una excepción: en los primeros tiempos de los mercados bursátiles, la gente tenía que acudir a un lugar central para reunirse e intercambiar noticias. A todos les resultaba muy práctico percibir el estado de ánimo de los demás participantes del mercado. Cuando todo el mundo es optimista, uno puede atreverse a comprar acciones. Cuando la opinión general se vuelve pesimista, es el momento de recoger beneficios y vender.

Muy rápidamente, las innovaciones tecnológicas dieron ventaja a quienes las adoptaron primero. El teléfono permitió a los intermediarios comunicarse mucho más rápido con sus inversores. En el edificio de la bolsa, aquellos cuyas cabinas telefónicas estaban más cerca del parqué tenían ventaja sobre sus competidores. También convenía contar con jóvenes operadores que pudieran correr más deprisa para comunicar las últimas noticias y transmitir las órdenes.

Hoy, la velocidad de ejecución de las órdenes se ha vuelto crucial. Con la coubicación, las bolsas permiten a los intermediarios instalar sus servidores en la misma sala que los ordenadores que hacen funcionar los mercados: ¡incluso se mide la longitud de los cables de conexión para garantizar la igualdad de condiciones entre todos los participantes! En la carrera por obtener una ventaja tecnológica ganando unos pocos nanosegundos, algunos participantes del mercado han instalado sus sistemas de telecomunicaciones para enlazar en línea recta centros financieros como Nueva York y Chicago o Londres y Fráncfort.

Sin embargo, los centros financieros abarcan mucho más que las plataformas de negociación y las infraestructuras de mercado: incluyen los bancos, las aseguradoras, los gestores de fondos… así como los diversos servicios en torno a las finanzas, como los despachos de abogados, los contables y los asesores. Para la mayoría de ellos, existe un fuerte incentivo para estar cerca unos de otros y cerca de los reguladores y las autoridades de los mercados. Pese a la facilidad y la rapidez de los sistemas de comunicación, la proximidad es muy relevante, y los participantes del mercado necesitan una presencia local si quieren captar una parte considerable de la actividad financiera de un país o región.

A la inversa, las empresas y organizaciones que buscan financiación u otros servicios financieros saben que los centros financieros les proporcionarán la asistencia necesaria.

Esto explica la aparición de un número limitado de centros financieros que han sido capaces de atraer el grueso de la actividad. En un típico efecto de «red», ¡cuantas más competencias adquiere un centro financiero, más éxito alcanza!

Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.