Esta opinión consta de dos partes. La primera es un resumen de las conclusiones preliminares del Financial Stability Board, publicadas en julio de 2022, sobre cómo superar los efectos persistentes de la pandemia de COVID-19. La segunda es una Declaración Conjunta realizada por los miembros de la World Alliance en mayo de 2020 sobre cómo veían la labor que debía realizarse en aquellos primeros meses de la pandemia. Los textos son sorprendentemente similares en sus llamamientos a la acción, así como en su tensión interna: una política global coordinada y simultánea para llevar al sistema financiero mundial más allá de los daños causados por la COVID se ve limitada en la práctica por las circunstancias muy dispares de cada jurisdicción. Ello obliga a las autoridades a ser excepcionalmente claras en su comunicación pública para limitar los perjuicios a terceros a medida que cada una avanza por su propio camino.
Puntos clave del informe provisional del Financial Stability Board
La recuperación de los diversos impactos económicos de la pandemia de COVID-19 ha sido distinta de una jurisdicción a otra. En parte, ello se ha debido a diferentes factores cíclicos y estructurales, incluidas las medidas sanitarias, y también a la distinta duración de las restricciones vinculadas a la política sanitaria. Los mercados emergentes y los países en desarrollo han tenido una capacidad mucho más limitada para ofrecer apoyo adicional, en particular en forma de estímulo fiscal, lo que explica la recuperación más débil de muchos de esos países frente a las naciones más ricas. Ello aumenta el riesgo de secuelas importantes a largo plazo en esas sociedades más pobres. Las perturbaciones de las cadenas de suministro mundiales, junto con la recuperación de la demanda mundial y, en algunos países, un mayor estímulo de la demanda, generaron presiones al alza sobre la inflación. En respuesta, las condiciones financieras mundiales empezaron a endurecerse.
La invasión de Ucrania por Rusia ha agravado considerablemente estos desafíos preexistentes, al provocar un retroceso del crecimiento mundial, desencadenar una inflación aún mayor y aumentar la incertidumbre económica. Los elevados precios de las materias primas aumentan los costes industriales, y los altos precios de los alimentos y la energía pesan sobre los ingresos de los hogares, sobre todo en los países más pobres.
Las diversas causas de los efectos persistentes de la COVID-19 agravan las dificultades de los responsables políticos para apoyar una recuperación sólida, equitativa e inclusiva. Las vulnerabilidades derivadas de la crisis de la COVID-19 pueden materializarse ahora en un momento en que el margen de maniobra de las políticas es limitado y las empresas y los hogares han reducido sus colchones financieros. Una recuperación mundial más desigual aumenta el riesgo de efectos de contagio negativos de una jurisdicción o sector industrial a otro. En conjunto, es probable que estos reveses obstaculicen el crecimiento futuro.
Para hacer frente a estos desafíos es necesario un sistema financiero mundial resiliente. Este:
- apoya la financiación de la economía mediante una oferta constante de crédito y primas de riesgo bajas;
- garantiza una transmisión eficaz de la política monetaria y fiscal y, por tanto, permite una mayor eficiencia;
- contribuye a amortiguar posibles efectos de contagio externos y garantiza que los mercados financieros puedan seguir formando los precios de los activos; y
- permite cubrir los riesgos, y la transparencia de precios reduce también la incertidumbre.
El remedio requiere políticas nacionales eficaces, contener los efectos de contagio transfronterizos y abordar los problemas de sobreendeudamiento. La estrecha cooperación y el intercambio de información entre las autoridades resultan aún más críticos para garantizar respuestas adecuadas y adaptadas a cada caso. Las combinaciones de políticas deben evolucionar con las circunstancias económicas, proporcionando las herramientas e incentivos adecuados según sea necesario y manteniéndose sostenibles desde el punto de vista financiero. Estos últimos años han dado lugar a un entorno económico y financiero en rápida evolución, por lo que las autoridades deben evaluar continuamente los impactos, interacciones y disyuntivas de las políticas que afectan al sector financiero, incluidas pruebas de resistencia para calibrar el efecto del endurecimiento de las condiciones financieras sobre la calidad crediticia. Además, una mejor comprensión de la acumulación de apalancamiento oculto en los mercados debería orientar también la toma de decisiones. Las autoridades deben vigilar si las medidas de apoyo deben reajustarse en cuanto a sus destinatarios, y de qué manera. La comunicación de las políticas puede apoyarse en las lecciones aprendidas durante la pandemia.
La perspectiva de una recuperación económica mundial desigual puede aumentar el riesgo de efectos de contagio negativos. Las estrategias de salida de las ayudas extraordinarias deben reflejar las condiciones económicas nacionales específicas y evitar reacciones excesivas de los mercados financieros, lo que bien puede limitar el margen de las autoridades para orquestar una salida sincronizada entre jurisdicciones. Por ejemplo, unos mensajes claros y coherentes sobre las actuaciones de los bancos centrales pueden ayudar a los participantes del mercado a comprender los motivos y los factores de las diferencias en la normalización de las políticas entre jurisdicciones. Los efectos de contagio transfronterizos también pueden reducirse abordando la prociclicidad excesiva de los flujos de capital.
Los enfoques específicos y la retirada gradual de las medidas adoptadas por la COVID-19 pueden contribuir a mitigar los efectos adversos del elevado endeudamiento. Para ello, las autoridades de cada jurisdicción deben prestar atención a la coordinación de la reducción y retirada gradual de estas medidas de apoyo, estableciendo al mismo tiempo mecanismos eficaces para hacer frente al sobreendeudamiento causado por las medidas de apoyo frente a la COVID-19, una tarea que se ha vuelto aún más complicada por el aumento de las tensiones geopolíticas.
Cuando se encargó a finales de 2021, el informe solicitado por los gobiernos del G20 tenía por objeto debatir las políticas tras una perturbación muy grave como la de la COVID-19. Desde entonces, la situación económica y de los mercados financieros ha evolucionado considerablemente. El informe final se presentará a los jefes de Estado y de Gobierno del G20 en Yakarta y expondrá cómo abordará el FSB estas cuestiones en el futuro.
La Declaración Conjunta de la World Alliance de mayo de 2020
«Los principales centros financieros del mundo se mantienen unidos y contribuirán a mitigar la crisis actual y a preparar la recuperación económica. Los centros financieros internacionales desempeñarán un papel vital para volver a poner en pie la economía mundial, así como para servir a la economía real y a la sociedad en su conjunto en el periodo posterior a la crisis.
Los cierres económicos a escala mundial que ha exigido la pandemia han requerido intervenciones sin precedentes, y nuestro sector ha sido vital para respaldar estas actuaciones. En cuanto se venza al coronavirus, tendremos que reactivar la economía mundial como parte del proceso de recuperación.
- A corto plazo, la resiliencia es fundamental. Debemos proteger y servir a los segmentos más vulnerables de nuestras economías.
- Los emprendedores y las empresas emergentes son fuentes clave de innovación. Debemos apoyarlos en tiempos difíciles con fondos de emergencia.
- Las pymes son la columna vertebral de nuestras economías. Representan una gran parte del empleo mundial y debemos apoyarlas. Necesitan acceso a financiación tanto pública como privada.
La población activa en general. Muchas personas han perdido su empleo a causa de la crisis actual, y otras solo trabajan a tiempo parcial con salarios más bajos. El sector financiero debe apoyarlas para mantener la cohesión de nuestras sociedades.
A medio plazo, los países deben aumentar las inversiones y seguir desarrollando las infraestructuras digitales. Durante las fases de confinamiento, hemos comprobado la importancia de los servicios digitales en las finanzas y en otros ámbitos.
Para contribuir a estas distintas prioridades, hemos creado grupos de trabajo internacionales conjuntos que formularán nuevas recomendaciones.
Nuestras autoridades han empezado a abordar estas cuestiones a escala nacional, pero creemos firmemente que la cooperación internacional para una respuesta económica global es fundamental. Debemos apoyar diversas iniciativas, entre ellas los estímulos fiscales y monetarios. De este modo, las medidas de mitigación serán mucho más eficaces.
Los gobiernos y los reguladores deben seguir coordinando su respuesta a la pandemia. Las empresas necesitarán margen y apoyo regulatorio para centrarse en afrontar los retos que se avecinan. Los países deben evitar la tentación contraproducente del proteccionismo y colaborar para abrir el comercio y la inversión de forma constructiva y sostenible para nuestras economías.
Y, a largo plazo, es esencial que reconsideremos nuestros modelos económicos y demos una nueva prioridad a las perspectivas a largo plazo, los modelos de negocio innovadores, las economías sostenibles y las consideraciones medioambientales y sociales».
Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.