¿Qué hace que un país sea más próspero que otro?
El premio
En octubre de 2024, la Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el Premio del Banco Central de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel. Los tres galardonados conjuntamente fueron Daron Acemoglu y Simon Johnson, del Massachusetts Institute of Technology, y su colega de la University of Chicago, James Robinson. El premio se concedió conjuntamente “por sus estudios sobre cómo se forman las instituciones y cómo influyen en la prosperidad”.
La motivación continúa: “nos han ayudado a comprender las diferencias de prosperidad entre las naciones. Los galardonados de este año en ciencias económicas han demostrado la importancia de las instituciones sociales para la prosperidad de un país. Las sociedades con un Estado de derecho deficiente e instituciones que explotan a la población no generan crecimiento ni cambios a mejor. La investigación de los galardonados nos ayuda a entender por qué”.
Cuando los europeos colonizaron grandes partes del planeta, a partir del siglo XVI, las instituciones de esas sociedades cambiaron de forma brusca y radical. En ocasiones fue un proceso dramático, pero en absoluto se produjo del mismo modo en todas partes: cada uno de los países colonizadores aportó formas de gobierno diferentes a cada una de las muy distintas sociedades afectadas en gran parte del mundo. En algunos lugares, el objetivo era explotar a la población indígena y extraer recursos en beneficio de los colonizadores. En otros, los colonizadores crearon sistemas políticos y económicos inclusivos en beneficio a largo plazo de los migrantes europeos y, con el tiempo, a muy largo plazo, esas instituciones se abrieron y reformaron para incluir a los pueblos indígenas. Este fue, pues, el objeto de la investigación de los galardonados.
Esta investigación ha demostrado que una de las explicaciones de las diferencias de prosperidad entre países son las instituciones sociales que se introdujeron durante la colonización. A menudo se introdujeron instituciones inclusivas en países que eran pobres cuando fueron colonizados, lo que con el tiempo dio lugar a una población en general próspera. Esta es una razón importante por la que antiguas colonias que en su día fueron ricas son hoy pobres, y viceversa. El concepto de instituciones socialmente inclusivas frente a instituciones extractivas es la idea central; la población estadística que sirvió de fuente de información para estos estudios abarcaba enormes extensiones del mundo, en toda su diversidad.
Algunos países quedan atrapados en una situación de instituciones extractivas y bajo crecimiento económico, y muchos siguen atrapados en esas circunstancias, aunque ahora sin amos coloniales extranjeros. La introducción de instituciones inclusivas generaría beneficios a largo plazo para todos, pero las instituciones extractivas proporcionan ganancias a corto plazo a quienes ostentan el poder. Mientras el sistema político garantice que quienes ostentan el poder seguirán manteniendo el control, nadie confiará en sus promesas de futuras reformas económicas. Según los galardonados, esta es la razón por la que no se produce ninguna mejora, década tras década.
Sin embargo, quizá en aparente contradicción, esta incapacidad de hacer promesas creíbles de cambio positivo también puede explicar por qué a veces se produce la democratización. Cuando existe la amenaza de una revolución, quienes ostentan el poder se enfrentan a un dilema. Preferirían seguir en el poder e intentar apaciguar a las masas prometiendo reformas económicas, pero es poco probable que la población crea que no volverán al antiguo sistema en cuanto la situación se calme. Al final, la única opción para preservar las ganancias acumuladas a lo largo de los años por quienes se encuentran en posición de explotar y excluir puede ser transferir el poder y establecer la democracia.
“Reducir las enormes diferencias de renta entre países es uno de los mayores retos de nuestro tiempo. Los galardonados han demostrado la importancia de las instituciones sociales para lograrlo”, afirma Jakob Svensson, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas.
Un análisis más profundo[1]
El 50 % más pobre de la población mundial percibe menos de una décima parte de la renta total y posee apenas el 2 % de la riqueza neta total. Esta desigualdad se debe principalmente a las disparidades entre países, que explican aproximadamente dos tercios de la desigualdad mundial de la renta. Unas diferencias de renta entre países tan grandes y persistentes son incompatibles con el modelo neoclásico básico de crecimiento, que predice que, en igualdad de condiciones, los países pobres deberían alcanzar con el tiempo a los países ricos. Sin embargo, no observamos tal convergencia de la renta per cápita entre países.
En la vida real, aunque no en la teoría, las demás condiciones no son iguales. Los países pobres se diferencian de los ricos en los factores inmediatos de la renta y el crecimiento, como la inversión, el crecimiento demográfico, la acumulación de capital humano y la productividad. Además, difieren en la naturaleza de sus instituciones —esas restricciones ideadas por el ser humano, tanto formales como informales, que configuran las interacciones en las esferas económica y política— y que los estudios de los galardonados han destacado durante décadas como motores fundamentales de la prosperidad. Esta observación ya aparecía en la obra de Douglass North, Premio Nobel de Economía de 1993, cuyos postulados han retomado y ampliado los actuales galardonados.
La pregunta que se plantea entonces es por qué los países pobres no se limitan a emular los modelos probados de lo que han hecho los países ricos y a alcanzarlos con el tiempo. Los galardonados con el Nobel de 2024 han ayudado a responder a esta cuestión fundamental. En términos generales, el principio central de su investigación es que la riqueza de las naciones está determinada fundamentalmente por las instituciones políticas. Es decir, existe una jerarquía de instituciones, en la que las instituciones políticas influyen en las instituciones económicas, y las instituciones económicas, a su vez, afectan a los resultados económicos. Más concretamente, el trabajo de los galardonados ha mejorado nuestra comprensión de por qué algunos países, y otros no, adoptan instituciones favorables al crecimiento económico. Con ello, han profundizado la comprensión pública de por qué no se está produciendo la convergencia de la renta entre países.
En el sentido más amplio, las aportaciones de Acemoglu, Johnson y Robinson son de dos tipos. En primer lugar, han logrado avances significativos en el establecimiento de métodos para una investigación rigurosa en la complicada y empíricamente difícil tarea de aplicar evaluaciones cuantitativas a la importancia de las instituciones, tanto formales como informales, para la prosperidad. En segundo lugar, su trabajo teórico también ha hecho avanzar el estudio de por qué y cuándo cambian las instituciones políticas. Sus aportaciones ofrecen respuestas sustantivas a cuestiones socioeconómicas fundamentales, así como métodos de análisis novedosos.
[1] https://www.nobelprize.org/uploads/2024/10/advanced-economicsciencesprize2024.pdf. Este documento explica los antecedentes académicos de la concesión de este premio.
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