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2 de enero de 2022

¿Propiedad o deuda?

“Una de las mayores muestras de sabiduría económica es saber lo que no se sabe”: John Kenneth Galbraith

Al comenzar 2022, conviene pensar con una mirada nueva.

Quienes trabajamos en el sector de los servicios financieros estamos con razón orgullosos de la incalculable rapidez y variedad de los productos y servicios que vendemos a la sociedad. Es realmente asombroso. Pero es precisamente el adjetivo “incalculable” el que plantea la pregunta de qué es lo que hacemos. ¿Hasta qué punto sabemos lo que estamos haciendo, es decir, la totalidad de todos estos acuerdos contractuales? En la década de 2020, una operación concreta puede ser muy compleja y estar redactada en una jerga que prácticamente desafía la comprensión. En conjunto, en un día cualquiera, ¿a qué equivale todo ello?

Esta opinión pretende ayudar a los miembros de la World Alliance, y a su público, a poner los pies en la tierra y recuperar el sentido de lo esencial: ¿qué hay en el fondo de lo que hacemos cada día?

John Kenneth Galbraith enseñó economía en Harvard durante casi medio siglo; sus libros y manuales fueron muy leídos y tuvieron una gran influencia en las políticas públicas, al igual que sus conferencias. Criado en una granja de Ontario (Canadá), se formó en economía agraria, una disciplina que marcó su pensamiento y que encajaba bien con su modestia innata. Galbraith destacó en su profesión por el respeto que se ganó su obra y también, literalmente, por su estatura: medía 206 cm (6 pies y 9 pulgadas).

Los servicios financieros han evolucionado a lo largo de los siglos con los cambios económicos y tecnológicos. En el mundo occidental, los florentinos del Renacimiento hicieron fortuna principalmente en Italia, mientras que los genoveses y los venecianos lo hicieron comerciando en el extranjero. Con centro en Milán, capital de Lombardía, los banqueros del norte de Italia eran tan astutos que, en homenaje a la transferencia de créditos y conocimientos, una de las principales calles de la City de Londres se llama precisamente Lombard Street. Como demuestra la composición de la World Alliance, esta labor lleva consigo geografía e interacción a escala mundial, por muy alejadas entre sí que estén las vidas en estos años de COVID.

Es célebre el caso de Japón, donde el precio del arroz fijado en Osaka se transmitía a buena parte del archipiélago en cuestión de horas mediante señales de humo de colina en colina. Igualmente conocida es la flota privada de correos de los Rothschild, que transmitía información por toda Europa a la velocidad de los caballos y que, décadas después, fue superada por la firma Reuters con la invención del telégrafo: el ritmo se aceleró entonces y la difusión de la información se amplió enormemente. Más tarde, el teléfono permitió las conversaciones bidireccionales, lo que condujo a los sistemas de información basados en internet que hemos adoptado desde la década de 1990. Para alcanzar una velocidad aún mayor, hace algo más de una década se construyeron torres de microondas entre los mercados de Nueva York y Chicago; los sistemas informáticos recogían la información, porque las cabezas humanas no podían hacerlo. Como demuestra cualquier historia de los servicios financieros, la velocidad de lo que se crea y se lleva al mercado no ha dejado de acelerarse.

En la ya lejana década de 1970, los primeros derivados financieros se ponían a prueba en los mercados de Chicago a medida que el dólar estadounidense se desvinculaba del precio del oro; los propios instrumentos se adaptaron de los mercados de materias primas, establecidos desde hacía mucho tiempo. Una década más tarde, con su voz autorizada, el Banco de Pagos Internacionales publicó el libro de referencia sobre lo que eran estos “nuevos instrumentos financieros”. Aunque los señores Black y Scholes formularon en 1973 su ecuación, merecedora del Premio Nobel, para determinar el valor de una opción, la mayoría de los participantes en los mercados de Chicago en aquellos primeros años no disponían de mucho más que una calculadora de bolsillo, si acaso. Visto en retrospectiva, si el valor de aquellas opciones no podía determinarse con mayor exactitud, aquellos pioneros estaban arriesgando mucho. Quizá esa sea la definición misma de ser pionero. La modestia nos obliga a recordar que los participantes nos hemos dejado llevar en exceso en algunas ocasiones: desde la tulipomanía holandesa hasta el estallido de la burbuja puntocom a comienzos del milenio, pasando por las numerosas crisis de los siglos intermedios y posteriores. Como demuestra este breve repaso, otra constante de los servicios financieros es la creciente complejidad.

Pero aquí es donde resultan útiles los escritos del profesor Galbraith: su obra incluía la sencilla observación de que, en el fondo de todo ello, perdidas en la jerga y enturbiadas por la técnica, las operaciones que diseñamos son o bien la transmisión de una forma de propiedad o bien de una deuda. Cuando un inversor vende una opción de venta a un comprador, hay un comprador y un vendedor de un derecho. Cuando un inversor compra un instrumento de renta fija, el emisor de ese valor tiene la obligación de cumplir las condiciones de pago de intereses y de devolución del capital. Esta mirada retrospectiva al inicio de un nuevo año es simplemente un recordatorio de esta idea básica.

Por supuesto, la capacidad de invención puede y debe continuar, y no solo porque nuestra tecnología lo permita. Es de esperar que se logren mejoras de eficiencia y una calibración más cuidadosa de los riesgos.

Y, sin embargo, este sector puede hacer más: es en el nivel macro donde entra en juego la labor colectiva de la World Alliance. Solo evaluando y agregando la amplitud de las actividades financieras de cada centro, la suma de las innumerables operaciones de sus diversas entidades, que son o bien de propiedad o bien de deuda, se puede empezar a ver el panorama completo. Trabajando con numerosas partes, enfocar con nitidez la producción del sector de los servicios financieros es una de las mejores contribuciones sociales que pueden hacer los miembros de la World Alliance.

Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.