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15 de junio de 2021

La convergencia de las normas ESG / de sostenibilidad

Los centros financieros internacionales pueden esperar una agrupación progresiva de los actores de sus mercados en torno a la Value Reporting Foundation o a la Global Reporting Initiative. Contar con dos metodologías principales y creíbles para elaborar la información ESG / de sostenibilidad ayudará sin duda a las empresas a definir sus estrategias y a tener más éxito. Habrá una mayor comparabilidad en la elaboración de estos informes y, por tanto, más transparencia.

Desde al menos finales de la década de 1990, muchas voces y muchos ámbitos de especialización han trabajado en todo el mundo para tratar de averiguar cómo medir las preocupaciones relativas a los efectos de las empresas privadas y públicas en las comunidades en las que operan, a su gobernanza y al impacto que tienen, como actores sociales organizados, sobre el cambio climático.

Últimamente, el término más habitual ha pasado a ser «sostenibilidad» en lugar de métricas ambientales, sociales y de gobernanza (“ESG”). La sostenibilidad de la empresa en la sociedad podría abarcar bien estas cuestiones y trasladarse mejor de un idioma a otro.

Para la World Alliance of International Financial Centers, lo importante es que las diversas organizaciones líderes que proponen sus formas de evaluar estas cuestiones están en proceso de reagruparse en dos líderes mundiales. Esto da a las entidades que componen cada miembro de la World Alliance muchas más posibilidades de avanzar en la misma dirección con los mismos criterios. Lo mismo ocurrirá con la información que cada centro financiero haga pública. La información es uno de los “combustibles” de los servicios financieros; la normalización, hasta cierto punto, aportará mayor claridad. Más adelante volveremos sobre lo de hasta cierto punto.

A finales de la década de 1990 empezaron a surgir corrientes de pensamiento independientes en lo que acabó conociéndose como el ámbito ESG. Se habían producido grandes casos de fraude contable empresarial en Estados Unidos y Europa: Enron, World Com, Parmalat, Credit Lyonnais, y la lista seguía…. Antes de estos, los fraudes de las pensiones de las empresas de Robert Maxwell habían proyectado una larga sombra y dado lugar a una serie de comisiones nacionales de gobernanza en el Reino Unido. Fueron una de las principales razones por las que la OCDE convocó grupos de trabajo y dirigió la redacción mundial de la primera versión de sus Principles for Corporate Governance, publicada en 2000.

Dos historias y dinámicas nacionales muy diferentes condujeron, más o menos al mismo tiempo, a mejoras radicales de los requisitos de admisión a cotización en los mercados públicos de Sudáfrica y Brasil. Los brasileños querían que sus grandes empresas destacaran más en la competencia mundial por la inversión. Así, crearon la Nova Bolsa como segmento de mercado de máximo nivel para las grandes empresas capaces de mejorar sus procesos internos. Sudáfrica se encontraba a pocos años del fin del apartheid, lo que impulsó una importante reflexión innovadora sobre el cambio social. El juez Mervyn King dirigió comisiones nacionales sobre gobernanza, cuyas conclusiones se incorporaron al propio Derecho de sociedades.

Y ya existía un gran interés comercial por parte de los inversores, que, comprensiblemente, querían evitar pérdidas de capital de ese tipo. Los índices FTSE4Good, creados en Londres, figuraron entre los primeros esfuerzos multinacionales de amplio alcance para responder a este cambio de rumbo, ofreciendo métricas básicas para las empresas que cumplían normas ESG más exigentes.

Pero ¿qué debía incluir una empresa en su información? Su consejo de administración o de gobierno, por supuesto: pero ¿cómo medir su desempeño? La frecuencia con la que cada consejero asistía a las reuniones difícilmente iba a decir nada sobre el apetito de riesgo de un consejo o sobre la eficacia de su política comercial. Su huella de carbono por fábricas, desplazamientos al trabajo, viajes y oficinas; pero ¿cómo medirla, y cuáles de estos elementos eran externalidades? ¿El consumo de agua potable de un edificio de oficinas? ¿Y cómo medir, en efecto, el impacto en la comunidad? Las donaciones a asociaciones benéficas eran un pequeño comienzo, pero hay mucho más que considerar.

Avancemos hasta enero de 2021. En las dos últimas décadas, varios grupos rivales de amplio alcance internacional cobraron protagonismo en cuanto a qué describir en estos elementos intangibles de la información empresarial y cómo presentar después dicha información al público. Las simples descripciones de la calidad de la gobernanza o del impacto social son solo eso, y están muy lejos de medirlos.

Por fin, para establecer un marco más común de comprensión de estas cuestiones, las entidades con más seguidores y mayor arraigo han empezado a converger. Desde marzo y abril de este año, el Sustainability Accounting Standards Board + Integrated Reporting se está fusionando en la Value Reporting Foundation, que la IFRS Foundation está asumiendo.

La Value Reporting Foundation ha sido importante para todas esas difíciles estimaciones contables. Por ejemplo, cuál es el valor del fondo de comercio de las marcas, como la estrella de Mercedes, el logotipo de Coca-Cola o la reputación de excelencia y fiabilidad que cualquier empresa ha ganado con esfuerzo. Ahora que la sostenibilidad recibe el visto bueno de IFRS, la Value Reporting Foundation, ya considerablemente ampliada, se presentará ante un público de líderes mundiales en Glasgow, en la COP 26, en noviembre de este año.

El otro gran aspirante integral en materia ESG es la Global Reporting Initiative (“la GRI”), la organización internacional independiente de normalización con sede en los Países Bajos que ayuda a las empresas, los gobiernos y otras organizaciones a comprender y comunicar su impacto en cuestiones como el cambio climático, los derechos humanos y la corrupción.

Habrá pequeños centros de especialización que seguirán alimentando a los dos grandes grupos, como el Climate Disclosure Foundation Board.

Los miembros que integran cada uno de los centros de la World Alliance pueden esperar agruparse en torno a las normas de sostenibilidad de la Value Reporting Foundation o a las de la Global Reporting Initiative. Estos pasos acercan al mundo a una forma común de pensar sobre cuestiones intrínsecamente complejas. En cuanto a lo que pueden verificar terceros, como los auditores legales, estas materias no se prestan a la auditoría detallada de un inventario de bienes físicos ni a ningún recuento exacto. La calidad de la información dependerá de las hipótesis y de lo bien que el personal de comunicación corporativa y de contabilidad recopile y presente los detalles. Todas las partes interesadas tendrán que aplicar su criterio de diversas maneras.

Puede que esto haya llevado más años de los que habríamos deseado a finales de la década de 1990, pero quizá estos años de prueba y sus debates hayan proporcionado a la comunidad empresarial una base de información más sólida sobre la que trabajar y la musculatura intelectual necesaria para evaluar este tipo de cuestiones comerciales tan diversas.

Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.