Todo el mundo predecía que una nueva crisis llegaría por sorpresa. ¡Y así fue!
La crisis de 2020, un camino a seguir. Todo el mundo predecía que una nueva crisis llegaría por sorpresa. ¡Y así fue! Pero la mayoría de las predicciones apuntaban a causas estructurales o a alguna burbuja. Esta vez es muy diferente: una parada brutal de nuestras economías, una tras otra, sin origen estructural.
Esto significa que las condiciones o escenarios de reactivación serán muy distintos de los de crisis anteriores, como la de 1929 o la de 2008-2011. Se parecerá más a una especie de proceso de reconstrucción de posguerra, pero sin destrucción. Hay dos grandes cuestiones: en primer lugar, gestionar el paréntesis económico y minimizar las quiebras sustituyendo los ingresos congelados de las empresas por liquidez pública canalizada a través de los bancos; en segundo lugar, aprovechar este terrible periodo de gestión de una crisis mundial para profundizar en la fragilidad y los retos de nuestra sociedad, que ya existían antes de la crisis pero se habían aplazado en favor de prioridades económicas y políticas a corto plazo.
Los centros financieros, con sus componentes multidisciplinares, son una de las «herramientas» adecuadas para afrontar esos retos. La fase de reconstrucción es urgente y ya ha comenzado. La primera lección es que estamos «en el mismo» barco, lo que significa que, para maximizar las posibilidades de ganar esta guerra, debemos compartir y trabajar juntos. Esa es la esencia de la World Alliance.
La cuestión de la reconstrucción. Algunas hipótesis optimistas de McKinsey prevén una recuperación completa para el primer trimestre de 2021, aunque en función de la magnitud del golpe en Estados Unidos. Evidentemente, la cuestión es evitar el colapso de los trabajadores, las pymes, las grandes empresas y los sistemas financieros, utilizando una liquidez masiva para movilizar el equivalente al 20-30 % del PIB (hoy Estados Unidos y Europa han movilizado alrededor de 6 billones de euros).
Pero los remedios y la liquidez no se limitan a ese dinero público. Tenemos que evaluar la otra «munición» que debería movilizarse y adaptarse a un escenario de reactivación definido, analizado mediante un proceso ascendente a partir de las necesidades de distribución y de producción: será una combinación de recursos humanos (gestión poscrisis), procesos, instrumentos financieros (capital, crédito…) y una regulación adaptada.
Los centros financieros deberían contribuir a identificar y articular mejor las necesidades y los recursos para participar en la elaboración de una verdadera estrategia, como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial con el Plan Marshall; en lo que respecta a la regulación (incluidas las normas contables NIIF/IFRS), la primera necesidad inmediata es desvincular las reglas de provisiones o prudenciales propias de la actividad habitual de este periodo excepcional de economía congelada. El objetivo es asegurarse de que esas reglas no acaben con las instituciones antes de que llegue el momento de la reactivación. El IASB acaba de tomar iniciativas en este sentido y, en Europa, la ESMA y la EBA ya han empezado a formular recomendaciones de este tipo.
Asimismo, una de las grandes lecciones de la crisis anterior es la falta de coordinación. Esta crisis demuestra una vez más hasta qué punto estamos interconectados, y la tentación de volver al aislamiento es simplemente irreal. Al contrario, la macrogestión de la liquidez, la regulación y las políticas industriales de reactivación requerirán una coordinación importante en cuanto a magnitud, prioridades, sectores y calendario. La dimensión internacional de nuestra alianza sitúa a los centros financieros en una posición idónea para realizar la contribución adecuada.
Para ilustrar las iniciativas nacionales, algunos ejemplos franceses: el centro financiero de París está comprometido con el apoyo a las empresas, en particular a las pymes, y con la preparación de una salida de la crisis.
- Tras el anuncio realizado por el presidente de la República Francesa el 16 de marzo de 2020, la French Banking Federation (FBF), en colaboración con Bpifrance, puso en marcha una iniciativa sin precedentes que permite al Estado avalar durante un año préstamos por valor de 300.000 millones de euros con reembolso a varios años.
- La French Investors Association (AFG) pidió a sus miembros que suspendieran el cobro de alquileres y gastos a partir del 1 de abril de 2020. Estas medidas se aplicarán automáticamente a las pymes cuya actividad se haya visto interrumpida.
- La French insurance federation (FFA) y sus miembros acordaron mantener la cobertura de los contratos de las empresas en dificultades en caso de retraso en el pago, durante todo el periodo de confinamiento.
- La Banque de France ayuda a las empresas orientándolas hacia los mecanismos establecidos por el Gobierno.
- France Invest ha destacado tres prioridades: la protección de los trabajadores, la solidaridad con la población (hay disponible un kit de información práctica) y la adopción de una actitud responsable hacia todas las partes interesadas (trabajadores, empresas participadas, inversores y autoridades públicas).
- Los sindicatos y los representantes de las empresas se reunieron para reafirmar el papel esencial del diálogo social y de la negociación colectiva, e instar a las autoridades públicas y a las empresas a poner en marcha todos los medios necesarios para proteger la salud y la seguridad de los trabajadores.
- La Autoridad de los Mercados Financieros de Francia se centra en la continuidad de la actividad.
- El Ministerio de Estado para el Sector Digital, la Secretaría General de Inversiones y Bpifrance unen fuerzas para apoyar específicamente a las start-ups francesas mediante un plan de apoyo de emergencia que financia la transición entre dos rondas de financiación, préstamos avalados por el Estado que pueden alcanzar el doble de la masa salarial de 2019 y el reembolso acelerado por parte del Estado de los créditos fiscales del impuesto de sociedades reembolsables en 2020.
Extraer lecciones. La crisis está agravando grandes cuestiones estratégicas ya existentes. La globalización dio buenos resultados al reducir la pobreza en el mundo y aumentar el crecimiento mundial. Pero, al mismo tiempo, genera grandes tensiones, entre ellas los tipos negativos, que han debilitado al sector financiero. Por ello, hoy será aún más crucial disponer de una mejor visión estratégica a largo plazo sobre la economía mundial, el control de la cadena de producción, la soberanía sobre los componentes esenciales y la redefinición del «comercio justo» de forma no proteccionista.
Especialmente en lo que respecta a las finanzas, con el apoyo de los centros financieros, será necesario obtener una mejor visión estratégica del vínculo entre la financiación del riesgo empresarial y la gestión del riesgo por parte de los inversores y, en consecuencia, de la misión y la configuración del sector financiero (banca, seguros, gestión de activos) a escala mundial (FSB) y regional (Europa), sobre la base de un marco regulador coherente y «responsable».
Dos grandes prioridades serán cómo afrontar la cuarta revolución industrial (aprendizaje automático e IA) y su impacto en el empleo frente a las nuevas especialidades, en la reestructuración financiera y la competencia y, evidentemente, en las cuestiones medioambientales, que ahora incluyen la salud, centrándose en el proceso de transición «de lo marrón a lo verde».
También en este ámbito el sector financiero desempeña un papel clave y, dado que el reto tiene múltiples dimensiones, una vez más la World Alliance debería asumir un papel decisivo para optimizar su éxito.
Por Edouard-Francois de Lencquesaing, presidente de honor de EIFR, y Arnaud de Bresson, presidente de la World Alliance y consejero delegado de Paris EUROPLACE
Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.