La transición en curso hacia un nuevo orden mundial está transformando el sistema monetario internacional, lo que provoca un aumento de las tensiones geopolíticas y la fragmentación de las estructuras financieras mundiales. A medida que se desplaza el poder y surgen bloques rivales, los riesgos para la estabilidad financiera mundial van en aumento, con importantes implicaciones para el futuro de las relaciones económicas internacionales. Este panorama cambiante pone en entredicho el orden existente y amenaza la estabilidad de los flujos financieros transfronterizos.
1. Introducción
El nuevo orden mundial emergente estará sujeto a una serie de efectos intensos e inesperados que transformarán y fragmentarán el sistema monetario internacional. La economía mundial multilateral ha quedado bajo la influencia de una estructura de poder multipolar, que ha desencadenado tensiones geopolíticas, lo que a su vez ha dado lugar a la creación de bloques económicos y financieros y a la lucha por reforzar las posiciones de poder. La fragmentación financiera plantea riesgos para la estabilidad financiera y monetaria internacional.
El desarrollo del mundo y de la humanidad ha llegado a una etapa en la que el viejo orden está llegando a su fin o transformándose sustancialmente. Este cambio histórico tiene implicaciones para el sistema financiero mundial y las relaciones financieras.
La fragmentación del sistema financiero internacional tiene varias dimensiones en función del mercado financiero, por ejemplo, en los mercados de valores, los mercados bancarios o los servicios de pago y crédito. Puede surgir por diversas razones distintas de la regulación financiera, como las barreras naturales, las fuerzas del mercado y las diferencias en el entorno institucional. Su análisis debe incluir su impacto en la eficiencia de los servicios financieros, incluida la liquidez del mercado, su impacto en la transparencia y en la protección de los consumidores y los inversores y, por último, su relación con la estabilidad financiera general (mundial). Desde un punto de vista sustantivo, la fragmentación puede contemplarse y entenderse tanto en el espacio mundial como en el marco de las jurisdicciones nacionales y locales.
Una de las razones clave de la aparición de estos elementos en el sistema monetario internacional es que el proceso de desglobalización ha alcanzado al proceso de globalización operativa, que había ido ganando terreno de forma constante en los últimos tiempos.
Basta con enumerar los acontecimientos recientes que han desencadenado la desglobalización. En la era de la Cuarta Revolución Industrial, el nuevo mundo digital nació como parte integrante de ella, con el auge de la inteligencia artificial y la robótica; estalló la pandemia de coronavirus, se intensificaron las tensiones geopolíticas, se produjo la crisis energética, aparecieron presiones inflacionistas mundiales, surgieron guerras comerciales, se interrumpieron las cadenas de suministro y estalló la guerra ruso-ucraniana. Estos procesos trajeron consigo por sí mismos cambios en las relaciones económicas y políticas internacionales, pero varios de sus efectos estaban interrelacionados y se reforzaban mutuamente, alterando de forma fundamental el entorno relativamente tranquilo y libre de tensiones geopolíticas posterior a la Guerra Fría.
La fragmentación del orden mundial existente obedece a tres factores que se refuerzan mutuamente y, en casos concretos, se debilitan: (i) las relaciones de poder políticas y geopolíticas mundiales; (ii) los cambios en las relaciones económicas y comerciales; y (iii) los cambios en las condiciones de funcionamiento del sistema monetario internacional y las restricciones a la libre circulación de capitales.
2. Las raíces históricas del cambiante orden mundial
La Segunda Guerra Mundial cambió por completo la estructura del poder internacional.
En 1944 se celebró en Estados Unidos el Acuerdo de Bretton Woods, que permitió sentar las bases de un nuevo sistema económico mundial. Se crearon el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (1944), el Banco Mundial (1945) y el Fondo Monetario Internacional (1944). Ello supuso el establecimiento de un marco regulado para el sistema monetario internacional y, al mismo tiempo, Estados Unidos se convirtió en la potencia dominante y hegemónica del sistema económico internacional. El dólar estadounidense se convirtió en la moneda dominante del comercio internacional, con el tipo de cambio de todas las monedas fijado en dólares y el valor del dólar vinculado al oro a un tipo fijo.
Posteriormente, en 1949 se fundó en Washington la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza militar liderada por Estados Unidos, con doce países en el momento de su firma y treinta y uno en la actualidad. Como resultado de este proceso, Estados Unidos se ha convertido en una potencia mundial hegemónica. El otro polo del poder mundial era la Unión Soviética y el bloque soviético, con los países de Europa del Este que ocupaba. El enfrentamiento entre estos dos bloques se agudizó cada vez más en todos los ámbitos, como ilustra la creación del Telón de Acero. Comenzó la era de la Guerra Fría y se estableció el sistema bipolar de poder mundial.
El Acta Final de Helsinki, adoptada por la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE) y firmada por treinta y cinco países en 1975, allanó el camino para el final de la Guerra Fría. Sin embargo, este llegó finalmente en 1990-1991, cuando se unificaron las dos Alemanias y las tropas soviéticas se retiraron de los países del Pacto de Varsovia.
El periodo posterior al final de la Guerra Fría creó condiciones geopolíticas favorables para el surgimiento de relaciones económicas y comerciales y de cadenas de valor mundiales. El sistema monetario internacional era estable, sustentado por un sistema de normas y regulaciones de las instituciones financieras internacionales y respaldado por las políticas monetarias de bancos centrales independientes. Al mismo tiempo, este sistema bipolar de poder mundial, marcado por Estados Unidos y la Unión Soviética, estaba determinado principalmente por el equilibrio de poder militar y, directamente, por sus sistemas económicos y financieros, y hubo varios acontecimientos e intentos de cambiarlo.
En el trasfondo de este proceso, tres factores se volvieron dominantes con el tiempo y revelaron las líneas de fractura del orden mundial bipolar. Ello condujo a la aparición de un sistema monetario internacional de múltiples niveles, cuyos fundamentos están cambiando y transformándose en el nuevo orden mundial tripartito. Durante mucho tiempo, el poder hegemónico mundial de Estados Unidos estuvo respaldado por el sistema de Bretton Woods, [1] el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el sistema de DEG basado en el dólar. Existe una fuerte competencia económica y financiera entre los tres actores dominantes del orden mundial, Estados Unidos, China y la Unión Europea, con una tendencia creciente a la reducción del papel hegemónico del dólar
El segundo acontecimiento, y el más significativo, es la creación y el desarrollo de la Unión Europea. En las dos últimas décadas, la UE se ha convertido en una potencia económica; el desarrollo de la Unión Económica y Monetaria tuvo éxito, la creación de la zona del euro permitió establecer la Unión Bancaria y la Unión de los Mercados de Capitales se ha desarrollado sustancialmente. Desde el punto de vista económico y financiero, la Unión Europea se convirtió en un actor geopolítico mundial, el segundo polo del orden mundial.
El siguiente elemento de este proceso fue que China se convirtió en un actor político y económico mundial junto a Estados Unidos y la UE. Se estableció un orden mundial tripolar, que dio lugar a un nuevo tipo de formación de bloques respaldada por importantes acuerdos financieros y comerciales. Una nueva fuerza en el futuro será la competencia entre las monedas digitales de los bancos centrales (dólar, yuan y euro digitales), que será crucial para la política monetaria internacional y la cooperación financiera.
El impacto del Brexit no ha debilitado la posición internacional de la UE, y de la zona del euro en particular, sino que la ha reforzado. En respuesta a la situación posterior al Brexit, las autoridades de la UE, pero también los centros financieros de la UE representados en la EU Roundtable of Financial Centers (una sección regional de la World Alliance of International Financial Centers), se han centrado en aumentar la competitividad de los mercados financieros de la UE.
En 2022, este orden tripolar se vio sacudido por el nuevo e inesperado impacto de la guerra ruso-ucraniana. En términos de cooperación financiera internacional y de la evolución prevista de la fragmentación, este conflicto militar tendrá un impacto negativo a más largo plazo que hoy no puede evaluarse. Los flujos comerciales tradicionales de varios productos han desaparecido o se han reducido drásticamente durante este periodo (productos energéticos, agrícolas y de alta tecnología), sobre todo dentro de Europa, con efectos indirectos en las relaciones financieras. Algunas de las severas sanciones impuestas a raíz de la guerra, incluidas las dirigidas al sector financiero, son eficaces, pero otras afectan también a quienes las han impuesto.
3. La fragmentación en el nuevo orden mundial
En el periodo posterior a la Guerra Fría, en el emergente orden mundial tripartito, China se convirtió en una potencia mundial con el segundo PIB más alto del mundo. El objetivo central de la política económica china era garantizar un crecimiento económico sostenible. Un elemento importante de la estrategia desarrollada era que la considerable capacidad industrial excedentaria y las reservas de capital acumuladas durante varias décadas como resultado de intensas entradas de capital debían utilizarse en el extranjero. En el periodo posterior a la Guerra Fría, en el emergente orden mundial tripartito, China se convirtió en una potencia mundial con el segundo PIB más alto del mundo. El objetivo central de la política económica china era garantizar un crecimiento económico sostenible. Un elemento importante de la estrategia desarrollada era que la considerable capacidad industrial excedentaria y las reservas de capital acumuladas durante varias décadas como resultado de intensas entradas de capital debían utilizarse en el extranjero.
La base de la “relación” entre los actores de la nueva estructura de poder es la competencia, para garantizar la autonomía y la estabilidad financieras de su propio bloque. No es posible una separación completa de las relaciones financieras internacionales entre los actores de la nueva estructura de poder tripartita. La competencia entre los bloques que han creado se intensifica y el afán de independencia crece, mientras que Estados Unidos quiere mantener el papel protagonista del dólar. Todo ello conduce a la denominada divergencia estratégica financiera entre bloques rivales y a la fragmentación de las relaciones financieras.
La Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), un acuerdo de libre comercio firmado en 2020, es un ejemplo de esta estrategia, del afán de independencia respecto del dólar y un nuevo elemento de fragmentación, con quince países, entre ellos China, Australia, Japón, Indonesia y Corea del Sur.
Podría enumerarse una larga lista de acuerdos económicos, comerciales y financieros bilaterales o multilaterales celebrados en la última década que, de algún modo, individualmente y en conjunto, refuerzan el proceso de aparición del nuevo orden mundial. Estos acuerdos están teniendo un impacto importante en los mercados financieros mundiales, aumentando el riesgo de volatilidad y señalando que los países que los han suscrito quieren reducir su dependencia del sistema financiero mundial existente, especialmente del dólar.
Además de los acuerdos políticos y militares, el desarrollo de la dependencia financiera se ha convertido en la última década en un factor importante para influir en el equilibrio de poder. Su principal instrumento es la concesión de préstamos (a largo plazo) a las economías de los países socios y las inversiones en infraestructuras, determinando al mismo tiempo la moneda de dicha financiación y de los contratos de préstamo.
Estos acuerdos regionales y bilaterales no han reforzado el anterior sistema multilateral. A finales de la última década, el mundo se había dividido en un bloque tripolar, conocido como la “división estratégica”. A un lado se encuentra Estados Unidos, al otro la Unión Europea y, en el tercero, China y la región del Sudeste Asiático. La consecuencia directa de esta división es la transformación, la “desintegración”, del antiguo sistema financiero. El objetivo de los bloques rivales es mantener y reforzar sus posiciones de poder e influencia por diversos medios. Las estrategias que lo sustentan incluyen tanto el ataque como la defensa.
Las tensiones geopolíticas desencadenan la fragmentación del sistema monetario internacional, directa e indirectamente, a través de múltiples canales, lo que a su vez amplifica los riesgos para el sistema. Las tensiones geopolíticas pueden dar lugar a la introducción de medidas que restrinjan la circulación de capitales y de efectivo, generando imprevisibilidad e incertidumbre para los inversores en las relaciones financieras internacionales. Entre estos efectos figuran las recientes sanciones financieras, las normativas que restringen la inversión de capital y las congelaciones internacionales de activos. Esto aumenta la fragmentación financiera, que afecta negativamente a la rentabilidad, la liquidez y la capacidad crediticia de los bancos. Aumenta la vulnerabilidad de los países afectados negativamente ante las perturbaciones financieras.
4. Los peligros y riesgos de la fragmentación económica y financiera mundial
Los efectos negativos del aumento de las tensiones geopolíticas de los últimos años han desencadenado un proceso de fragmentación económica y financiera y una indeseable fragmentación de los mercados financieros mundiales hasta un punto que podría amenazar la estabilidad financiera internacional. La incertidumbre provocada por las tensiones geopolíticas dificulta las condiciones para la circulación transfronteriza de capitales. El impacto negativo en los flujos de capital afecta desfavorablemente a la inversión extranjera, generando tensiones entre los inversores y los países de acogida. Los sistemas de pago internacionales pueden verse obstaculizados. A medida que se tambalea la estabilidad, aumentan los costes de financiación de los bancos, disminuye su rentabilidad y reducen su concesión de crédito. Los riesgos de fragmentación pueden acarrear costes económicos significativos y subidas de precios debido a la interrupción de las cadenas de suministro, las restricciones a las importaciones o las sanciones.
La experiencia histórica de los distintos ciclos económicos demuestra que, tras una crisis o un periodo de tensión, prevalece un doble efecto. Por un lado, la política monetaria y fiscal se va relajando gradualmente, y los movimientos de capital y el apalancamiento se amplían. Por otro, las lecciones de la crisis servirán de base para una regulación financiera más estricta que impulsará la cooperación internacional. La fragmentación puede tener un impacto negativo en la estabilidad del sistema monetario internacional, que es importante para la estabilidad económica mundial y el crecimiento sostenible.
Además de la desdolarización, la aparición de las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) plantea un reto particular para la transformación del sistema monetario internacional.
En poco tiempo quedó claro que la aplicabilidad de las CBDC más allá de las fronteras nacionales podría convertirse en una herramienta para aumentar la influencia comercial y financiera internacional y, por tanto, en las luchas de poder mundiales. Los tres grandes actores geopolíticos de la economía mundial se preparan ahora activamente para lanzar sus propias monedas digitales: el dólar digital, el euro digital y el yuan digital. China es pionera en este ámbito: el yuan digital ya se está probando en la práctica y se están elaborando normas para su uso nacional. Para reducir la exposición a las tensiones geopolíticas y a los efectos negativos de la fragmentación financiera, la UE considera necesario reforzar la integración financiera europea, además de prepararse para la introducción del euro digital.
La fragmentación puede socavar objetivos más amplios de política económica común, y los supervisores, los reguladores y las instituciones financieras deben ser conscientes de los riesgos para la estabilidad financiera derivados del aumento de las tensiones geopolíticas y comprometerse a identificarlos, cuantificarlos, gestionarlos y mitigarlos. Varias instituciones financieras internacionales han argumentado que, en el emergente orden mundial multipolar, los actores de poder tratan de dar prioridad a sus intereses nacionales y regionales, cuando la cooperación mundial sería más necesaria que nunca. Debido al aumento de las tensiones geopolíticas, es necesario garantizar la adecuación de la red de seguridad financiera mundial, lo que exige altos niveles de reservas internacionales para los países, el desarrollo de acuerdos financieros bilaterales y regionales y la concesión de líneas de crédito precautorias por parte de las instituciones financieras internacionales.
5. La fragmentación y las monedas digitales de los bancos centrales
En un orden mundial multipolar, el funcionamiento del sistema monetario internacional, que también puede utilizarse como herramienta de competencia entre bloques de poder, se ve afectado de forma significativa por las monedas digitales de los bancos centrales.
China ha estado a la vanguardia en la implantación temprana y las pruebas piloto de una moneda digital de banco central. Dado que en las últimas décadas se ha convertido en un actor dominante de la economía y el comercio mundiales, ha tratado de utilizar su moneda, el renminbi, para ganar influencia en el mercado financiero internacional y en la financiación del comercio internacional. Ahora está claro que la introducción del dólar digital y la preparación para su uso son inevitables y que su implantación tendrá un impacto significativo no solo en el sistema financiero y la política monetaria de Estados Unidos, sino también en los procesos financieros mundiales.
También se están llevando a cabo preparativos para la introducción del euro digital.
La aparición de las monedas digitales de los bancos centrales y la preparación para su introducción no son una consecuencia de la fragmentación, pero pueden influir significativamente en su refuerzo o en la mitigación de sus riesgos. Poco después de la introducción de las CBDC, aparecieron grupos de bancos centrales que acordaban utilizar las CBDC a escala transfronteriza como primeros indicios de bloques financieros.
Estos acontecimientos confirman que el entorno financiero internacional fragmentado, la era digital y la aparición de bloques rivales plantean retos a los bancos centrales, que deben revisar su estabilidad monetaria, reformar sus sistemas de pago y emitir sus monedas digitales. También confirman que la mitigación de los riesgos exige una mayor cohesión regulatoria internacional.
La aparición transfronteriza e internacional de las CBDC tendrá sin duda un impacto en el sistema financiero mundial y en las relaciones de poder.
La primera hipótesis es que el dólar podría mantener su dominio, ya que será más barato y más accesible que sus competidores. Otra posibilidad es que Estados Unidos pierda su dominio financiero mundial a medida que sus competidores utilicen su moneda digital de banco central en bloques organizados en torno a ellos, fragmentando el sistema monetario internacional. Muchos países se ven presionados para unirse al bloque liderado por Estados Unidos o por China, lo que amenaza la seguridad, el crecimiento económico y la estabilidad financiera. Con las tensiones geopolíticas ya presentes, la posibilidad de que esto ocurra es mínima.
6. Resumen
Una de las grandes cuestiones de nuestro tiempo es cómo afectará el nuevo orden mundial en transición al sistema monetario internacional y cómo reforzará su fragmentación. Ello se debe principalmente a los esfuerzos por cambiar el equilibrio de poder mundial, que generan fuertes tensiones geopolíticas.
Para alcanzar los objetivos de poder, las relaciones económicas y comerciales que antes funcionaban a escala mundial están cambiando y se está produciendo una fragmentación, no desencadenada por la fragmentación del sistema monetario internacional, sino como consecuencia inevitable de ella. Entre los medios para cambiar la situación geopolítica y el equilibrio de poder figuran los conflictos político-militares y los conflictos armados locales, que no son objeto de nuestro análisis, pero debemos ser conscientes de que son factores importantes de la fragmentación financiera internacional.
Los tres principales actores del nuevo orden multipolar son Estados Unidos, China con la región del Sudeste Asiático y la Unión Europea. Los dos primeros no solo quieren defender sus posiciones de poder, sino también reforzar su influencia económica, financiera y militar. El objetivo principal de la Unión Europea es salvaguardar la estabilidad económica y monetaria de la Unión y, dentro de ella, de la zona del euro, y reforzar su papel geopolítico.
La situación internacional, rápidamente cambiante e imprevisible, tiene un impacto negativo en los flujos transfronterizos de capital, la asignación de capital y la inversión extranjera. Todo ello socavará la rentabilidad y la liquidez de los bancos, aumentará la volatilidad de los mercados financieros, acelerará el contagio de los efectos negativos y amenazará la estabilidad monetaria.
El desenlace del cambiante orden mundial, y la fragmentación que conlleva, es imprevisible. A los bloques rivales les interesaría preservar la estabilidad del sistema monetario internacional y reducir los riesgos previstos para el sistema internacional de pagos, pero esto se ve obstaculizado por las tensiones geopolíticas y las ambiciones de poder de los bloques rivales.
Este artículo se ha redactado en colaboración con Ádám Kerényi.
El texto completo del ensayo está disponible en la publicación periódica del Banco Central de Hungría, Finance and Economic Review:
https://en-hitelintezetiszemle.mnb.hu/letoltes/fer-23-2-e1-muller-kerenyi.pdf
https://en-hitelintezetiszemle.mnb.hu/letoltes/fer-23-2.pdf
[1] El 80.º aniversario de su creación se cumplirá en julio de 2024.
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