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31 de agosto de 2021

El simposio de banqueros centrales de Jackson Hole de agosto de 2021

Al igual que la defensa nacional, la creación y la gestión de la moneda de un país son un derecho soberano de los gobiernos. Ningún otro actor tiene más poder para influir en nuestras economías y sistemas financieros que nuestros bancos centrales.

Seguir el pensamiento y la planificación de los banqueros centrales del mundo tiene algo de kremlinología. Aunque sus decisiones más sensibles para los mercados se toman a puerta cerrada, buena parte de su pensamiento es fácilmente accesible. Los estudios y documentos de política que publican alimentan toda una industria de periodistas y analistas dedicados al Bank of England, la Fed, el Banco Central Europeo, la Monetary Authority of Singapore y todos los demás.

Desde principios de la década de 1980, el telón que cubre gran parte de las consideraciones de fondo y de la planificación de las posiciones de política se levanta una vez al año en las espectaculares montañas de Wyoming. Allí se reúnen varios cientos de economistas y banqueros centrales para conversar y tomar distancia de su trabajo diario con el fin de examinar las presentaciones de investigación invitadas. El objetivo es calibrar la política monetaria y otros objetivos de los bancos centrales en función de unas economías en constante evolución. Los acontecimientos pueden dar lugar a correcciones de rumbo en los días y meses siguientes, pero la información pública que se comparte en el Jackson Hole Symposium anual tiene una gran importancia para los miembros de la World Alliance y sus organismos integrantes.

Al igual que en 2020, este año el simposio se celebró de forma virtual. La cuestión central fue cómo orientar la política macroeconómica en un periodo de crecimiento económico desigual. El programa está disponible en línea, incluidos los discursos pronunciados y las presentaciones de los economistas. Merece la pena repasar los temas de varios bloques, así como citar más extensamente las declaraciones del presidente del Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos, Powell.

El problema esencial es cómo pueden utilizarse los instrumentos de los bancos centrales y de la política fiscal de los gobiernos para atender las necesidades muy diferentes de sectores económicos con tasas de crecimiento dispares, tanto a nivel nacional como en la economía mundial. Un único conjunto de tipos e instrumentos monetarios, y los conjuntos complementarios de políticas fiscales, deben adaptarse a unas economías trastocadas por la pandemia de COVID, y eso sencillamente no funciona con facilidad ni de manera uniforme. Este problema básico siempre ha existido para ellos, solo que en 2020 y de nuevo este año en mucha mayor medida; la pandemia de COVID ha acelerado drásticamente la desigualdad y, con ello, los retos para los responsables políticos.

En cuanto a la política monetaria, “La crisis de la COVID-19 ha sido un crudo recordatorio de que algunas perturbaciones macroeconómicas pueden tener efectos desiguales entre sectores. Las perturbaciones desiguales plantean importantes retos para la política económica, dado que distintos sectores pueden sufrir problemas opuestos: algunos pueden experimentar una demanda insuficiente y desempleo, mientras que otros pueden estar sujetos a restricciones de oferta, que provocan escasez y presiones inflacionistas. ¿Cómo debe responder la política monetaria ante este tipo de situación? ¿La respuesta óptima consiste en fijar como objetivo las medidas medias de inflación y de brecha de producción del conjunto de la economía, o las asimetrías entre sectores exigen apartarse de las recomendaciones habituales, en un sentido o en otro?”[1]

Las tablas y gráficos con datos mundiales de las diapositivas preparadas por Gita Gopinath, consejera económica del Fondo Monetario Internacional, figuran de forma destacada en el sitio web del simposio y resultan valiosas para el público de la World Alliance. En ellas muestra cómo los responsables políticos respondieron con un apoyo monetario y fiscal conjunto sin precedentes para sostener la actividad económica cuando esta se desplomaba, y compara su respuesta en 2020 con la de la crisis financiera mundial de 2008-2009. Las políticas actualmente vigentes han suscitado preocupación por los niveles de deuda y por el retorno de una inflación más elevada. La Sra. Gopinath muestra cómo los efectos indirectos adversos de la política monetaria entre sectores y países podrían agravar la divergencia de las recuperaciones en el espacio y en el tiempo. Expone los retos que persisten, dado que se espera que los factores estructurales mantengan bajos los tipos de interés reales, y, para concluir, evalúa en qué medida las autoridades han acertado en su orientación de la economía. Además, añade un recordatorio esencial para todo el mundo: esta desigualdad golpeará con mayor dureza a los países en desarrollo, dada su relativa escasez de recursos y, por tanto, su menor capacidad de resiliencia.

El dólar estadounidense, su valor y sus costes afectan a la comunidad de la World Alliance de diversas maneras, por lo que merece la pena examinar los puntos planteados por el presidente de la Fed, Powell.

“Un fuerte apoyo de las políticas ha impulsado una recuperación vigorosa pero desigual, que en muchos aspectos es históricamente anómala. Invirtiendo los patrones típicos de una recesión, la renta personal agregada aumentó en lugar de disminuir, y los hogares desplazaron masivamente su gasto de los servicios a los bienes manufacturados. El auge de la demanda de bienes y la fuerza y rapidez de la reapertura han provocado escasez y cuellos de botella, de modo que la oferta, limitada por la COVID, no ha podido seguir el ritmo. El resultado ha sido una inflación elevada en los bienes duraderos, un sector que ha registrado una tasa de inflación anual muy inferior a cero durante el último cuarto de siglo. Las condiciones del mercado laboral están mejorando, pero son turbulentas, y la pandemia sigue amenazando no solo la salud y la vida, sino también la actividad económica.”

La Fed concede gran importancia al empleo: “Las perspectivas del mercado laboral han mejorado considerablemente en los últimos meses. Tras flaquear el pasado invierno, la creación de empleo ha aumentado de forma constante a lo largo de este año y se sitúa ahora en una media de 832.000 puestos en los últimos tres meses, de los cuales casi 800.000 corresponden a los servicios… El ritmo total de contratación es más rápido que en cualquier momento de los datos registrados antes de la pandemia. Los niveles de vacantes y de bajas voluntarias están en máximos históricos, y los empleadores afirman que no pueden cubrir los puestos con la rapidez suficiente para atender la demanda que regresa.”

En cuanto a las perspectivas de inflación, tan comentadas en la prensa, en opinión del presidente siguen sin existir presiones inflacionistas generalizadas. Con una economía que se recupera tan rápidamente, la escasez de determinados bienes y servicios se disparó, pero desde entonces se ha ido atenuando. A pesar del número récord de ofertas de empleo y de la escasez de mano de obra en muchos sectores, poco hay en los datos de la Fed que sugiera que vaya a haber presiones inflacionistas sostenidas debidas a los salarios a medida que el mercado laboral sigue recuperándose. Aunque busca indicadores de unas expectativas de inflación a largo plazo que pudieran estar aumentando, por ahora la Fed ve poco de eso en el horizonte. Desde la década de 1990, en muchos ámbitos de la vida económica han actuado, por el contrario, fuerzas desinflacionistas.

En términos generales, los dos instrumentos clave de la Fed son las compras de activos y los tipos de interés. La Fed se propone poner fin a la adquisición de nuevos bonos. Dado el gran cuidado con que se expresan los banqueros centrales, y con muy buenas razones, lo mejor es citar directamente al presidente:

“Incluso después de que finalicen nuestras compras de activos, nuestras elevadas tenencias de valores a largo plazo seguirán respaldando unas condiciones financieras acomodaticias…..

El calendario y el ritmo de la próxima reducción de las compras de activos no pretenderán transmitir una señal directa sobre el momento de la primera subida de los tipos de interés, para la cual hemos formulado una prueba distinta y sustancialmente más exigente. Hemos dicho que seguiremos manteniendo el rango objetivo del tipo de los fondos federales en su nivel actual hasta que la economía alcance condiciones compatibles con el máximo empleo y la inflación haya alcanzado el 2 % y vaya camino de superarlo moderadamente durante algún tiempo. Nos queda mucho camino por recorrer para alcanzar el máximo empleo, y el tiempo dirá si hemos alcanzado una inflación del 2 % de forma sostenible.”

Ahí lo tenemos: para los responsables políticos de la era de la COVID, con la globalización de la enfermedad y de la producción de bienes y servicios, estos instrumentos más bien toscos en manos de nuestros bancos centrales han contribuido en gran medida a limitar los daños a nuestras economías desde principios de 2020. Sin duda, en adelante se necesitará el mismo cuidado, dada la desigualdad de nuestros patrones de crecimiento, tanto por sectores dentro de nuestros países como de un país a otro. Esto es con lo que debemos trabajar.

[1] “Monetary Policy in Times of Structural Reallocation”, Veronica Guerrieri, Chicago Booth; Guido Lorenzoni, Northwestern; Ludwig Straub, Harvard; e Iván Werning, MIT, presentado en el Jackson Hole Economic Symposium de agosto de 2021.

Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.