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18 de septiembre de 2024

80 años después de Bretton Woods, ¿qué necesitamos?

Por improbable que parezca, con la mirada puesta en un futuro tan difícil de vislumbrar en plena guerra más devastadora que el mundo había conocido, en 1944 los responsables de la política económica y financiera se reunieron en un aislado hotel de Nueva Inglaterra, Bretton Woods. Un objetivo clave era diseñar las instituciones financieras multilaterales que ayudarían a reconstruir la economía mundial destruida: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En aquel momento solo existía una institución multilateral, el Banco de Pagos Internacionales de Basilea. Su labor se centraba en la coordinación de los bancos centrales, incluso —de forma controvertida— durante la Segunda Guerra Mundial. La idea de crear instituciones multilaterales que abarcaran un espectro de las finanzas más amplio que el diálogo entre bancos centrales era en sí misma innovadora: el mundo tenía poca experiencia en la creación de este tipo de instituciones.

Los miembros de la World Alliance probablemente tienen presente que estas dos instituciones han constituido la columna vertebral del sistema financiero mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Una espalda dolorida o débil es un problema de salud que en las personas suele aparecer de forma progresiva; y tenemos este equivalente institucional con el FMI y el Banco Mundial, que ya no respaldan adecuadamente al sector de los servicios financieros ni a la economía mundial que esos servicios financian. Es necesario poner remedio, y ese remedio está próximo.

Han transcurrido ocho décadas desde la conferencia de Bretton Woods. La cuestión que plantea esta opinión es qué reflexión puede hacerse para que estos actores centrales sigan siendo cada vez más pertinentes.

¿Qué preguntas deben plantearse?

Dos retos amenazan actualmente la trayectoria de 80 años de mejora del nivel de vida mundial y reducción de la pobreza. En primer lugar, se reconoce ampliamente que las crisis de los bienes comunes globales —término utilizado aquí en sentido amplio para incluir muchas formas de desafíos transfronterizos que escapan a cualquier jurisdicción nacional, como el clima, las pandemias y los ciberriesgos— están teniendo un impacto mundial cada vez más negativo. Sin medidas correctoras colectivas, es probable que estos retos se vuelvan más acuciantes. En segundo lugar, a pesar de este reconocimiento, los avances para abordarlos han sido demasiado escasos y demasiado lentos. Comprender las razones de este bloqueo y encontrar una vía hacia su resolución es la motivación de este informe del Multilateral Reform Working Group (MRWG) del Bretton Woods Committee.[1] Ni el sector público ni el sector privado pueden resolver por sí solos estos retos. Por el contrario, es imprescindible identificar las deficiencias específicas de todo el sistema —público y privado— que están obstaculizando el progreso. Según el análisis presentado, es necesario abordar un conjunto de carencias específicas tanto en el sector público como en el privado —que abarcan la gobernanza, la implementación y la rendición de cuentas— para superar este punto muerto. Por último, centrar el análisis de carencias en el sistema que rodea a la financiación climática, en lugar de hacerlo de forma más amplia, permite que el análisis sea más específico y concreto sobre los cambios necesarios para avanzar en materia de sostenibilidad. A su debido tiempo, el Comité debería investigar también otros ámbitos, como la salud pública, la infraestructura pública digital y el comercio, utilizando un análisis de carencias específico para cada uno de estos temas.

Para la World Alliance, el enfoque de la labor de reforma de Bretton Woods encaja a la perfección, debido al trabajo continuo de esta Alianza en apoyo de las finanzas verdes.

El informe parte de la premisa de que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, con su composición mundial, su modelo accionarial y sus estructuras de voto ponderado, son los más indicados para asumir el papel de liderazgo mundial. Pero ¿son adecuados para este fin en términos de gobernanza, recursos y conocimientos especializados para abordar eficazmente estos retos de los bienes comunes globales? ¿Y cómo pueden gestionarse los incentivos a los que se enfrenta el sector privado?

Un análisis más profundo

De todos los retos de los bienes comunes globales, el cambio climático es uno de los más apremiantes. Al mismo tiempo, los avances técnicos de las últimas décadas han mejorado la viabilidad de progresar con mayor rapidez. En particular, la innovación ha mejorado enormemente la economía de la reducción de las emisiones de carbono: el problema ya no es si es técnicamente viable estabilizar y luego reducir las emisiones mundiales de carbono, sino cómo hacerlo de forma rápida, equitativa y a gran escala. Esto exige coordinar acciones que ayuden a fijar prioridades de mitigación y adaptación y a movilizar los recursos financieros necesarios para lograrlo. La rapidez es fundamental; los retrasos provocarán un mayor aumento de las temperaturas mundiales, una meteorología más volátil y un agravamiento de las consecuencias sociales, medioambientales y económicas.

El análisis del Grupo de Trabajo sugiere que un marco basado en las carencias puede aplicarse de forma útil a los retos de los bienes comunes globales. En lo que respecta específicamente al cambio climático, existen tres carencias sustanciales tanto en el sector público como en el privado: gobernanza, implementación y rendición de cuentas. Deben abordarse ambos conjuntos de carencias, ya que subsanar las del sector público creará un entorno propicio para que el sector privado complete la tarea por su parte.

En el sector público, las carencias de la arquitectura son las siguientes:

  • Gobernanza: a pesar de la existencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), ninguna institución tiene la responsabilidad general de coordinar la política mundial sobre el cambio climático y el esfuerzo financiero de todo el sistema. Esto incluye evaluar y coordinar la financiación necesaria, así como las políticas fiscales. Sin ello, el esfuerzo es necesariamente inconexo e ineficiente, lo que ralentiza el progreso.
  • Implementación: no existen instituciones públicas que lideren y coordinen eficazmente la implementación de manera transparente aplicando las mejores prácticas internacionales. Además, faltan mecanismos de financiación específicos centrados en el clima —y solo en el clima— que cuenten con las salvaguardias adecuadas y dispongan de un marco de supervisión eficaz.
  • Rendición de cuentas: a pesar de la creciente participación de las autoridades financieras, las empresas y el tercer sector en las reuniones anuales de la Conferencia de las Partes (COP) de las Naciones Unidas, no existe ningún mecanismo permanente que garantice una revisión periódica, a escala de todo el sistema, de los avances de los planes de financiación e implementación. La ausencia de tal mecanismo impide un seguimiento eficaz de los avances y la adopción de correcciones a mitad de camino.[2]

Del mismo modo, en el sector privado, estas son las carencias de la arquitectura:

  • Gobernanza: los mecanismos para establecer balances, objetivos y estrategias de descarbonización transparentes y eficaces son insuficientes. Faltan datos precisos sobre la huella de carbono del sector empresarial y de las empresas públicas, lo que merma la eficacia del mecanismo de formación de precios.
  • Implementación: no hay suficiente información sobre la disponibilidad de instrumentos financieros que faciliten la inversión en la lucha contra el cambio climático a gran escala. Además, existe poca claridad sobre la priorización relativa de las actividades de mitigación, por ejemplo, la expansión de las energías renovables, la mejora de la eficiencia energética y el aumento de la captura de carbono. La opinión pública no sabe lo suficiente sobre la necesaria adaptación de las economías al cambio climático mediante infraestructuras, nuevos procesos de producción y seguros, ni sobre los efectos previsibles en las cadenas de valor de las distintas zonas geográficas.
  • Rendición de cuentas: no existe ningún mecanismo para supervisar y verificar los compromisos empresariales, las trayectorias y las estrategias de implementación que los acompañan. No existe un mecanismo de control del cumplimiento claro para reducir el riesgo de ecoblanqueo.

Una vez expuesto el problema, ¿cómo pueden cambiar estas instituciones multilaterales mundiales?

Reforzar el papel del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional

Los responsables políticos consideran que estas dos instituciones clave son idóneas para subsanar estas carencias. El autor de esta opinión observa además que no existe ninguna otra capaz de hacerlo; así pues, aprovechemos bien lo que tenemos.

Las propias instituciones ya han realizado avances decididos en la integración del clima en sus misiones. La declaración de misión del Banco Mundial de octubre de 2023 sitúa este objetivo en primer plano, y la institución ha concedido préstamos sustanciales a proyectos climáticos.[3] Para sus operaciones, el FMI ha creado su incipiente

Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad y su estrategia climática integral.[4] También existen distintos niveles de cooperación con otras instituciones del sistema que trabajan en sus ámbitos de ventaja comparativa, como la OCDE, el FSB, la AIE, la CMNUCC, el DAES de las Naciones Unidas, el GAFI y otras.

Estos dos mandatos institucionales deben ampliarse, no limitarse; y necesitan estructuras de gobernanza, modelos operativos y capacidad financiera reforzados. Reconociendo que la mayor parte de la financiación debe proceder del sector privado, estas instituciones también están en condiciones de ayudar a los gobiernos a reunir al sector privado en torno a normas, prácticas e instrumentos comunes para garantizar su alineación con los objetivos mundiales.

Es precisamente aquí donde los miembros de la World Alliance tienen un papel que desempeñar: sus gobiernos participarán en esta coordinación en lo más profundo de la estructura de nuestro sistema financiero mundial. Los actores de cada una de estas jurisdicciones serán llamados a desempeñar su papel.

[1] -https://www.brettonwoods.org/page/multilateral-reform-working-group

[2] -Cada Parte del Acuerdo de París está obligada a establecer una contribución determinada a nivel nacional (CDN) y a actualizarla cada cinco años. Sin embargo, no existe mucha coordinación formal en la fijación de las CDN, ni rendición de cuentas sobre los avances en su cumplimiento. Véase “Nationally Determined Contributions”, CMNUCC, 2024, https://unfccc.int/process-and-meetings/the-paris-agreement/nationally-determined-contributions-ndcs

[3] -Evolving the World Bank Group’s Mission, Operations, and Resources: A Roadmap, Grupo Banco Mundial, diciembre de 2022, https://documents1.worldbank.org/curated/ en/099845101112322078/pdf/SECBOS0f51975e0e809b7605d7b690ebd20.pdf worldbank.org/en/news/speech/2023/10/13/remarks-by-world-bank-group-president-ajay-banga-at-the-2023-annual-meetings-plenary

[4] -“Resilience and Sustainability Facility—Operational Guidance Note”, Fondo Monetario Internacional, 28 de noviembre de 2023, https://www.imf.org/en/Publications/ Policy-Papers/Issues/2023/11/28/Resilience-and-Sustainability-Facility-Operational-Guidance-Note-541867. Véanse también los anexos 1 y 2 de este informe, respectivamente, para un resumen de las acciones del FMI y del Banco Mundial.

Los artículos aquí publicados reflejan las opiniones de sus respectivos autores y no necesariamente las de la World Alliance.